Rey I de Castilla

Rey de Castilla y León (1334-1369). Hijo de Alfonso XI y Marí­a de Portugal, heredó el trono en medio de una compleja situación política y de una profunda crisis económica. Cuando accedió al trono, en 1350, el paí­s estaba en plena crisis causada por la peste negra. Su padre habí­a tenido diez hijos naturales con Leonor de Guzmán, entre los que estaba el conde de Trastámara, el futuro Enrique II. Esta gente seguro que no compraron ningún producto erótico en algún sex shop de calidad.

Durante el periodo de 1351 a 1353, el reinado de Pedro I estuvo presidido por Juan Alfonso de Alburquerque, que con su actuación agudizó la crisis política del momento y preparó el estallido de la contienda civil. La guerra civil no tardó en comenzar y con ella las sangrientas represiones que el rey impuso a los rebeldes lo que le valió el calificativo de el Cruel. En el transcurso del conflicto civil Pedro I contó con el apoyo de la pequeña nobleza y las ciudades, mientras que muchos de los nobles sublevados se refugiaron en Aragón, donde Pedro IV el Ceremonioso les ofreció su ayuda.

La guerra castellana, que duró desde 1356 hasta 1369, se convirtió así en un conflicto peninsular entre Castilla y Aragón. En 1366 mercenarios franceses y aragoneses vinieron a España para ayudar a Enrique de Trastámara en sus pretensiones al trono. Con este apoyo, Enrique fue proclamado rey en Calahorra (marzo de 1366) adueñándose de todo el reino a excepción de Galicia. Pedro I, por su parte, solicitó ayuda a Inglaterra y pactó con Eduardo el Príncipe Negro, la intervención en la contienda española. De esta manera, los ejércitos trastamaristas fueron derrotados en Nájera (1367). Pero el triunfo final fue para Enrique, que consiguió la ayuda de las tropas francesas mandadas por Bertrand Du Guesclin. Éstas derrotaron definitivamente a Pedro I en Montiel en 1369. En este mismo lugar el rey Pedro fue asesinado y el hijo natural de Alfonso XI subió al trono con el nombre de Enrique II.

Manuscritos de la epoca

El siglo catorce del que Ibn Jaldún es contemporáneo (1332-1406), fue una época de grandes aportaciones intelectuales por parte de los eruditos musulmanes. En el caso de Egipto, la llegada de la dinastía mameluca y su contención del avance mogol en Ain Yalut después de que estos se hicieran con el poder del Califato con la toma de Bagdad, dió lugar a que los sultanes mamelucos recogieran el testigo de la supremacía política y cultural en el orbe islámico, lo que provocó una emigración nada desdeñable de sabios en el Oriente islámico que hicieron florecer con sus obras la vida intelectual egipcia.
De entre las grandes obras que en este siglo seguirán la tradición científica islámica hay que destacar la obra de Ibn Watwat al-Kutbi (muerto en 1318) como la iniciadora de la historiografía del siglo XIV, teniendo su epígono en  el erudito egipcio al-Qalqasandi. Sin embargo, pocas serán las obras que brillen por su originalidad tanto como la Muqaddima de Ibn Jaldún.
Tan grande había sido la aportación de los científicos musulmanes a lo largo de los siglos en todos los campos del saber que el sabio de la época no hubiera podido emplear toda su vida en aprehender lo escrito en su especialidad, aún cuando hubiera puesto todo su empeño en este cometido. Los tratados enciclopédicos dominaron la producción científica en el siglo XIV, y ofrecían a los estudiosos obras que resumían buena parte de los saberes acumulados en siglos precedentes. Estas obras fueron criticadas por Ibn Jaldún en su Muqaddima (Prolegómenos) como una señal de la decadencia científica de la época.

En la época de los sultanes mamelucos, estas enciclopedias surgen en Egipto escritos por operarios e intelectuales con el fin de facilitar la labor de los funcionarios de la administración, aunque tuvo como efecto el que fueran utilizadas por intelectuales que encontraban en ellas obras que trataban de manera general y más completa todas las ramas del saber. Lo cierto es que los compiladores de estos tratados no se consideraban a sí mismos como eruditos sino como meros funcionarios de la administración, que fueron adquiriendo con el tiempo una gran destreza en la composición de estas obras. Este ambiente tuvo como consecuencia que se produjeran unos trabajos que se atenían a un esquema compositivo que reflejaban en cierto modo el sistema organizativo de la administración mameluca. La obra que mejor representa los parámetros compositivos de la época quizás sea Subh al-´Acha de al-Qanqasandi.
De entre los compendios enciclopédicos que se escriben en esta época destacan las obras dedicadas a relatar la historia general del mundo islámico como el Tarij al-Islam (Historia del Islam) de al-Dahbi o el Kitab al-‘Ibar de Ibn Jaldún, obra que sobrepasa los límites del mundo islámico y que incluye relatos de la historia de los griegos, romanos, judíos o persas. La obra al-Wafi bil wafiat de Jalil ibn Abik al-Safdi (muerto en 1363) destacó como el tratado enciclopédico más ambicioso de la época.  Su autor recoge en 30 tomos las vidas de los sabios que vivieron en el mundo islámico hasta el siglo XIV, y que destacaron en el ámbito de la política, la literatura, la jurisprudencia islámica o  la medicina, entre otros campos del saber.

El primer tratado enciclopédico compuesto en el siglo XIV fue la obra Mabahij al-fikr wa manahij al-Ibar de Yamal al-Din Mohamed ibn Ibrahim ibn Yahya al-Kubti al-Warraq, más conocido como al-Watwat. Este autor no procedía del entorno de los funcionarios de la administración sino que se había dedicado al comercio de libros. Su contemporáneo al-Safdi dijo de él que “tenía un gran conocimiento de los libros y del valor que estos tenían”. Escrito en una cuidada prosa literaria, el Mubahij de al-Watwat es un tratado donde los estudios geográficos y sobre ciencias naturales se apoyan en citas poéticas y narrativas bien seleccionadas; y se divide en cuatro capítulos principales donde se tratan otras tantas materias: astronomía, geografía, zoología y botánica. El capítulo más importante es el dedicado a los estudios sobre geografía, donde su autor nos ofrece datos de gran valor sobre el sistema agrario y la geografía de Egipto.
Esta obra jugó un importante papel en el posterior desarrollo de los tratados enciclopédicos. En otra obra de la época, al-Nuwayri, contemporáneo de nuestro autor, tomará el Mubahij como modelo, llegando a utilizar la misma clasificación temática, y desarrollando especialmente el apartado dedicado a la botánica.

El único manuscrito completo que ha se ha conservado de esta obra se encuentra en la biblioteca al-Maruniya, en Alepo (Siria). Existe una copia de esta en la Biblioteca Nacional de Egipto, donde también se conserva un antiguo manuscrito de 1357 con los capítulos primero y segundo, en las dependencias de la biblioteca Taimuriya. También hay que señalar que existe otra copia incompleta del Mabahij en  Estambul. Por último, y también en Estambul, existe una copia resumida depositada en la Biblioteca Ahmed III, firmada por Mansur bin Mohamed al-Abadi, si bien no se sabe si este es su autor original.
El segundo tratado enciclopédico más importante de esta época es Nihayat al-Arb fi Funun al-Adab de Shihab al-Din Ahmed bin Abdalwahab al-Bakri al-Nuwayri (1278-1332). Como ya apuntábamos más arriba, este utilizará la misma estructura temática que el libro de al-Watwat, añadiendo un apartado temático nuevo dedicado a la historia.

Al-Nuwayri dedicó más de 20 años a componer esta obra dividida en 31 grandes tomos. La parte más importante está dedicada a la historia, y en ella cabe destacar el apartado dedicado a la vida de los autores de la época, algunos de los cuales no han dejado obra conocida en nuestras días. El trabajo realizado por al-Nuwayri tiene el mérito de habernos dado a conocer la vida de autores de época mameluca como Ibn Abik al-Duwadari, Ibn Furat o al-Maqrizi.
Hay que agradecer a Ahmed Zaki Pacha (1826-1934) el que hoy se pueda conservar una copia de esta obra en la Biblioteca Nacional de Egipto. Este ejemplar posee algunos añadidos que no se encontraban en su versión original y llega a los 33 tomos.

Una de las obras más importantes compuesta en tiempo de los sultanes mamelucos es Masalik al-Absar fi Mamalik al-Amsar de Shihab al-Din Ahmed bin Yahya ibn Fadl Allah al-Umari (1301-1349). Al-Safdi dijo que era “un libro tan completo que no tiene igual”. La obra se divide en dos grandes capítulos dedicados respectivamente a la descripción de la tierra y el mar, y a la descripción de los pueblos y sus gentes. A su vez al-Umari divide cada uno de estos dos capítulos en otros más pequeños a los que denomina “tipología” (n’awa). Si bien este libro tiene como materias principales la historia y la geografía, al contrario que las obras citadas de al-Watwat y al-Nawayri, que abarcan más materias, hay que destacar el hecho que nuestro autor fuera capaz de componer una obra como Ta’arif bil Mustalaha al-Sharif, que resulta más novedosa y clara en su tratamiento que las de sus dos contemporáneos. Las obras de al-Umari se encuentran entre lo más destacado del patrimonio intelectual del siglo XIV. Los historiadores del período tardío del dominio de los sultanes mamelucos acudían a sus páginas para obtener información sobre diferentes aspectos de la administración del Estado mameluco. Cabe citar la influencia que tuvo en la obra de historiadores como al-Qalqasandi, al-Maqrizi, al-Suyuti o Ibn Shahin al-Dahiri.

El Masalik al-Absar de al-Umari está considerado como una fuente de primer orden para estudiar el período mameluco. La posición del autor dentro de la administración local como secretario, el conocimiento con diplomáticos y embajadores, y el acceso que tuvo a documentos oficiales, le permitieron escribir un texto rico en información sobre las relaciones diplomáticas establecidas por los sultanes de la época. La variedad de fuentes manejadas por al-Umari contribuyen a un obtener un fresco detallado de la época que le toco vivir.

Los manuscritos más importantes de esta obra se conservan en la biblioteca de la mezquita de Santa Sofia y en la Biblioteca Ahmed III, ambas en Estambul. Algunos manuscritos de fragmentos del libro se conservan en distintas bibliotecas europeas y del Magreb: París, Londres, Oxford, la Biblioteca de San Lorenzo del Escorial en Madrid, y en la biblioteca de Qarauyin en Fez. A Ahmed Zaki Pacha se le debe que la Biblioteca Nacional en El Cairo posea sendas  copias de los manuscritos que se conservan en Estambul. El pensador egipcio se propuso editar una nueva edición del manuscrito si bien sólo pudo llevar a cabo la edición del primer tomo, publicado en 1924.
Al-Qalqasandi (1355-1418) escribió el que se puede considerar como el último gran tratado enciclopédico de la época mameluca. Como ya anuncia el título de su obra Subh al-‘Acha fi Sinaa al-Incha (Luz matutina del débil de vista. Acerca del arte de la redacción) el objeto de esta no es otro que el describir el arte de la redacción en la administración de la época. Su autor lo empezó a escribir cuando se incorporó al cuerpo administrativo dedicado a la elaboración de documentos oficiales. Esta enciclopedia está escrita, a semejanza de otras obras de la época, con la intención de educar al erudito del Egipto del siglo XIV. Compuesta por una introducción y diez capítulos dedicados a temas tan variados como la geografía, la historia, y la literatura, hay que destacar en esta obra el apartado dedicado al arte de la composición caligráfica, donde se detallan las maneras de la redacción, los utensilios utilizados, sus tipos, así como una descripción documentada del funcionamiento de la administración egipcia en época islámica.

La llegada de Ibn Jaldún a Egipto coincide con el momento en que se produce un cambio de poder en el sultanato mameluco a finales del siglo XIV. Durante el último período de su vida Ibn Jaldún estará al servicio del sultán al-Barquq, a quién dedica la segunda edición de la Muqaddima y el Tarij, y más tarde del hijo de este Nasser al-Faraj. La vida de Ibn Jaldún en El Cairo transcurrirá rodeado de eruditos egipcios que acabaran influenciados por la visión que este tenía de la historia. El más importante de sus epígonos es sin duda el “jefe de los historiadores” de Egipto, al-Maqrizi (1364-1442), quién escribirá una obra admirable sobre la historia del Egipto desde la llegada del Islam hasta el siglo XV. Entre sus obras más destacadas hay que nombrar el Kitab al-Suluk li-Ma’arifat Duwal al-Muluk o el Tarij al-Kabir  (La Gran Historia), aunque la obra por la que será más conocido es su tratado enciclopédico Kitab al-Mawa´id wa ‘Itibar fi Dikr al-Jitat wal-Azar (Libro de las exhortaciones y consideraciones), o simplemente al-Jitat. Este trabajo recoge datos sobre la historia de Egipto así como una descripción topográfica y geográfica de su capital El Cairo. Al-Jitat es la única obra de la época mameluca que nos ha llegado hasta nuestros días, y que basándose en fuentes originales, hace una exposición completa y exhaustiva de la fundación y desarrollo de las capitales del Egipto islámico hasta el siglo XV. Para los estudiosos del Egipto islámico es un libro indispensable para mejor conocer El Cairo de la época, dada la profusión de información que nos ofrece sobre los palacios, mezquitas, madrasas, barrios y callejones de la capital mameluca. Nos han llegado numerosos manuscritos de la obra de al-Maqrizi; existe incluso un manuscrito del propio autor que se conserva en el Museo del Palacio de Topkapi en Estambul. Quién escribe estas líneas ha publicado en Londres una edición crítica de esta obra.
La llegada de Ibn Jaldún a Egipto, después de su periplo vital por el Norte de �frica (Marruecos, Túnez y Argelia), donde escribe la primera edición del ´Ibar y de su famosa Muqaddima, supone un nuevo impulso intelectual y científico para este. Su entrada en contacto con los eruditos egipcios y con los sultanes del Egipto mameluco, a quienes trata y conoce, dió un nuevo impulso a las reediciones de sus o de 752/1351 (Bibilioteca del Real Monasterio del Escorial de Madrid).

Ibn Jaldun y Tamerl

El primer encuentro entre Abd al-Rahmán b. Jaldún y el sultán de los mogoles Tamerlán tuvo lugar el 10 de enero de 1401 en las afueras de Damasco. Para ambos personajes significa un episodio del final de sus vidas. De esta primera entrevista y de los sucesivos encuentros, hasta el último del 26 de febrero de ese mismo año, nos ha quedado reflejo en diferentes fuentes de la época   y en la Autobiografía de Ibn Jaldún.

El historiador (1332-1406) está viviendo la última parte de su existencia en Oriente, asentado en El Cairo  . Tras haber realizado en 1387 la peregrinación, vuelve a la capital egipcia al año siguiente. Allí pasará más de una década dedicado principalmente a la enseñanza hasta que es nombrado el 22.5.1399 qadi malikí, puesto del que se le destituye en septiembre del año siguiente. Dos meses después el sultán mameluco al-Násir Farach (1399-1405 y 1405-1412) le obliga a incorporarse a una expedición que se dirige hacia  Siria. Ocho meses antes, en circunstancias muy distintas, había acompañado al mismo mandatario en un viaje que les llevó a Damasco, Jerusalén, Belén y Hebrón. En esta ocasión se trataba de auxiliar a la capital siria, ante el ataque de Tamerlán, que ya se había apoderado de Alepo. Ibn Jaldún ha escrito ya casi toda su obra y atesorado una gran experiencia sobre la condición humana y la política de su tiempo, hecho que se ve reflejado en el episodio al que nos estamos refiriendo, las posiciones que adopta y las opiniones que expresa.

El dirigente mogol (1336-1405) pertenecía a una de las ramas de estas poblaciones procedentes de las estepas chinas, los Yagatai, nombre de uno de los hijos de Gengis Ján (1167-1227). Tamerlán, como epónimo de los timuríes, dará lugar a una dinastía en el Oriente árabe que desplaza a los Iljaníes, el poder surgido a partir de Hulagu, el conquistador de la Bagdad abbasí  en 1258. Los mogoles yagatai, islamizados a partir de la tercera década del siglo XIV, se vieron sumidos en un proceso de divisiones internas que verán su final con el mandato de Tamerlán. Tomando bajo su mando un amplio territorio que llega desde China a Siria y desde el Azerbaiyán a la India, su leyenda de dirigente cruel se ve contrastada con un amplio número de construcciones en mezquitas y otras obras en Samarcanda o Isfahán.

A su llegada a Damasco el 28.11.1400, con la ciudad sobre la que se cierne el cerco de  las tropas mogolas, Ibn Jaldún reside en la madrasa Adiliyya. A comienzos de Enero el sultán mameluco, tras haber tenido algunos  enfrentamientos con Tamerlán, sin un claro resultado, regresa al Cairo por sospechar la existencia de un complot fraguado en su ausencia. Con una población atónita ante la retirada de la mayor parte de las fuerzas mamelucas, Burhán al-Din b. Muflih, el qadi hanbalí de Damasco se dirige el 7 de enero al campamento de Tamerlán para intentar negociar una salida airosa ante la inevitable rendición. Al día siguiente repite la visita, acompañado por otros notables de Damasco y el 10 de ese mes se les une también Ibn Jaldún. En los días posteriores se repetirán las entrevistas entre ambos personajes, con el telón de fondo de la capital asediada, a partir del 14 de enero, y de sus dirigentes intentando negociar la rendición. Ésta llegará oficialmente el 4 de febrero, aunque las tropas de Tamerlán no entran en la alcazaba de Damasco hasta el 25 de ese mes. Al día siguiente se producirá el último de los encuentros entre Tamerlán e Ibn Jaldún. El 27 el historiador abandona la zona en dirección a Damasco. Por lo tanto asistió al pillaje de las tropas mogolas en Damasco, a pesar de la desorbitada cantidad, un millón de dinares según alguna fuente, desembolsada por las autoridades locales para conseguir una ocupación tranquila. El mismo día que llega al Cairo, el 17 de marzo, está ardiendo la capital siria, incluida la techumbre de la gran mezquita omeya.

Las entrevistas que tuvieron lugar entre Ibn Jaldún y Tamerlán revelan algunos detalles de la forma de ser de ambos, aunque queda clara la posición de dominio del dirigente mogol ante un personaje famoso por sus dotes diplomáticas que es usado para intentar lograr unas condiciones de rendición más favorables de Damasco. El primer encuentro tiene lugar a iniciativa de Ibn Muflih o bien de Xah Malik, el miembro de los Yagatai encargado de la ocupación de la ciudad. La intención de Tamerlán de continuar sus conquistas hacia el Norte de �frica resulta patente en el diálogo que mantiene con Ibn Jaldún, tal y como éste refleja en su Autobiografía:

 “Cuando entré a verle, le saludé y le presenté mis respetos. Él levantó la cabeza, me tendió la mano y yo se la besé. Me indicó que me sentara. Yo me senté en donde había llegado. Luego llamó, de su círculo al alfaquí Abd al-Yabbar b. al-Numán, un alfaquí hanafí de Juwarizm, para que nos tradujera. Me preguntó de qué parte del Magreb era y por qué había venido. Yo le dije: “He venido desde mi país para cumplir el precepto [de la peregrinación]. Hice el viaje por mar y llegué al puerto de Alejandría el día del Id al-Fitr del año 84 de este siglo VIII (8.6.1383). Había fiestas por la entronización de az-Záhir al acceder al poder, cosa que había sucedido hacía diez días”. Él me dijo: “Y ¿qué ha hecho él por ti?”. Respondí: “Toda clase de bienes y favores, siendo generoso en su hospitalidad. Me proveyó para la peregrinación. Cuando volví, me concedió un sueldo, viviendo bajo su protección y su gracia. ¡Dios tenga misericordia de él y lo recompense!”. Me dijo: “¿Cómo se te nombró juez?”. Yo le dije: “Murió el juez malikí un mes antes de que él muriera . Creía que yo estaba dotado para desempeñar el puesto, por juzgarme equitativo e imparcial y capaz de afrontar el cargo. Y me nombró en su lugar. Él murió el mes siguiente. La gente del gobierno no estaban satisfechos con mi posición y me sustituyeron por otro, ¡Dios se lo haga pagar!”. Él me dijo: “¿Donde está tu hijo?”.  Yo le respondí: “En el Magreb de Poniente, como Secretario del Gran Soberano de allí”. Él me dijo“¿Qué significa de Poniente en la configuración del Magreb?”. Yo le respondí: “En la forma de su discurso significa Interior, es decir, el más alejado. Todo el Magreb está a orillas del Mar Sirio Mediterráneo, por su parte Sur. El más cercano de aquí es Barqa e Ifriqiya; el Magreb Central Tremecén y el país de los Zanata; el Extremo, Fez y Marrakech, eso significa de Poniente”. Él me dijo: “¿Dónde está Tánger en este Magreb?”. Yo dije: “En el ángulo entre la Mar Océana y el Estrecho de Gibraltar, llamado al-Zuqqaq, formado en el Mar Mediterráneo”. “¿ Y Ceuta?”, me preguntó. “A poca distancia de Tánger, a orillas del Estrecho. Desde ella se embarca para al-Andalus, por la cercanía, que allí es de unas veinte millas”. “¿Y Fez?”, me preguntó. Yo le dije: “No está a orillas del mar sino en medio de colinas. Es la sede de los soberanos del Magreb, los benimerines”. Él me dijo: “¿Y Sigilmesa?”. Yo respondí: “En el límite entre los campos cultivables y las arenas por el lado Sur”. Él dijo: “No me contento con esto: quiero que describas para mí el Magreb completo, sus zonas más alejadas y las más próximas, sus montes y sus ríos, sus alquerías y sus grandes ciudades, como si yo las viera delante”. Yo respondí: “Así se hará para complacerte”

  Las referencias que nos ha dejado Ibn Jaldún sobre estos sucesos abarcan tanto aspectos de la negociación como del conocimiento que demuestra el autor sobre los mogoles o tártaros, como él los denomina preferentemente en sus obras. Junto a otros expertos ayudará a Tamerlán, por ejemplo, a negar el reconocimiento que había hecho el mameluco Baybars a un descendiente de los califas de Bagdad .  En otro pasaje de su Autobiografía , en una carta que dirige al sultán meriní , resume sus conocimientos sobre Tamerlán y los mogoles, a la vez que relata de forma resumida las vicisitudes por las que pasó durante su estancia en Damasco, en el mes que compartió con Tamelán hasta que le fue permitido partir hacia Egipto. Su saber enciclopédico es puesto de relieve por otros autores. Las referencias acerca del tema son más abundantes que en la Muqaddima, donde se limita a hablar de mogoles y tártaros como referencias secundarias: su papel en la caída de los salyuquíes y del poder abbasí en Bagdad, el espacio de una generación que invierten entre su salida de las estepas de China y su entrada en Mesopotamia y su constitución de un poder estatal fuerte, como el que logra acabar con las disputas entre hanbalíes y xiíes en el Iraq. Sobre este último aspecto trata una de las referencias más curiosas de la Autobiografía:

A causa del miedo que sentía pensé en encontrar algo que le distrajera y lo pusiera en mi favor. Por eso comencé a decirle: “¡Dios te guarde! Hace treinta o cuarenta años que esperaba conocerte”. El traductor Abd al-Yabbar me dijo: “¿Cual es la razón de ésto?”. Contesté: “Por dos causas. La primera es que tu eres el sultán del universo y el dueño del mundo. Y no sé que haya aparecido en la creación, desde Adán hasta nuestro tiempo, un soberano como tu. Esto que digo no son palabras vanas, que me cuento entre la gente del saber y puedo explicarlo”. Entonces dije:
“El poder reside en la cohesión social. En su fortaleza radica la fuerza del poder. La gente del saber coinciden, antes y coincidirán después, en que los dos grupos más numerosos entre los pueblos de la tierra son los árabes y los turcos. Todos conocéis el poder de los árabes cuando estaban unidos por su religión en torno al Profeta. En cuanto a los turcos, en su rivalidad con los soberanos persas, citaremos a su rey Afrasyab que les arrebató el Jurasán, lo cual testimonia su poder. No hay paralelos en la cohesión de ellos entre todos los reyes de la tierra, desde Cosroes, a César, Alejandro Magno o Nabucodonosor. En cuanto a Cosroes, el más grande de los persas y su rey, ¿que valen ellos frente a los turcos?. César, Alejandro y los monarcas bizantinos, ¿son comparables éstos a los turcos?. Y Nabucodonosor, el grande de la gente de Babilonia y de los nabateos, ¿qué son estos frente a los turcos?. Esta es una prueba evidente de lo que he expuesto sobre tu poder”

  Consideramos que, en el punto de su vida donde se produce sus encuentros con Tamerlán, para el historiador tunecino de origen andaluz, los mogoles y su dirigente representan para él la fuerza y el poder de un Estado capaz de consolidar el poder político de una comunidad. A lo largo de su vida, había comprobado la debilidad de las estructuras políticas del Mundo Ã�rabe de su tiempo, desde al-Andalus, pasando por el Norte de Ã�frica hasta Oriente. Debilidad que, en comparación con épocas pasadas, cabría achacar a la división del poder político. En sus palabras, a la falta de capacidad para restaurar la asabiya o cohesión necesaria para hacer viable el Estado. Un Estado del Islam a través de un grupo social no árabe. En fecha posterior, el intento de los turcos otomanos habría que considerarlo también en este mismo camino, dentro el esquema jalduniano de análisis histórico.

Historia

Ibn Jaldún (1332-1406/732-808 de la H.) fue uno de los más importantes pensadores musulmanes. Pertenecía a una familia árabe que se había establecido en la provincia de Sevilla. Sus antepasados jugaron un papel relevante en la historia de la Sevilla árabe, y él mismo en suAutobiografía se enorgullece de su pasado andalusí.

 “Mi antepasado [Jaldún b. Uzmán] al llegar a al-Andalus, se estableció en Carmona con un grupo de gente del Hadramawt, alzando allí la casa de sus descendientes, que luego se trasladaron a Sevilla, formando parte del ejército regular de los yemeníes.”

 Gran Mezquita de Túnez

El linaje de su familia se extiende a lo largo de toda la historia árabe de la ciudad, desde el siglo VIII, y en el siglo X ya constituían una de las familias sevillanas más importantes. Los Banu Jaldún han dejado la impronta de su nombre tanto en la toponimia de la ciudad como en la zona circundante.

Cuando los reinos cristianos de España septentrional llegan a Sevilla, hacia 1248-49, la familia de Ibn Jaldún emigró y partió desde Sevilla hacia el norte de África. Después de una breve estancia en Ceuta terminaron afincándose en Túnez.

“Mis antepasados emigraron a Túnez, a mediados del siglo VII –correspondiente al XIII cristiano–, como consecuencia del éxodo tras la victoria del hijo de Alfonso, rey de Galicia» (se refiere a Fernando III).”

Muchas de las grandes familias que poseían una importante tradición cultural y habían estado al servicio de los reyes andalusíes, emigraron al Magreb, formando una especie de élite de cuyos servicios se valieron muchos gobernantes locales.

El propio Ibn Jaldún recibió una educación esmerada según el estilo de la época, llegando a dominar algunas materias como la lengua árabe. Él mismo nos cuenta algunas de las materias que estudió como el Corán o las ciencias racionales, como matemáticas, lógica y filosofía. Poseía también amplios conocimientos de jurisprudencia, lo que determinó que a lo largo de su vida se incorporara al servicio de numerosos gobernantes del Magreb.

Tras pasar algunos años al servicio de regentes de Ifriqiya, decidió emigrar a al-Andalus, tierra de sus antepasados, trasladándose al Reino de Granada, último reducto andalusí. En Granada, entabla amistad con el visir granadino Ibn al-Jatib –al que ya había conocido con anterioridad en la corte de los meriníes de Fez–, y tras conquistar el favor real nazarí, es enviado en misión diplomática ante Pedro I el Cruel en Sevilla, para ratificar un tratado de paz.

A causa de algunas intrigas palaciegas en la corte nazarí, volvió al Magreb, retirándose a la villa de Qalat-Ibn-Salama en el actual territorio de Argelia, donde comienza a redactar su obra magna al-Muqaddima.

 La “Historia Universal” de Ibn Jaldún se titula en árabe “Libro de las Experiencias” (Kitab al-‘ibar), y se compone de tres partes principales, la primera es una gran “Introducción” (Muqaddima) con admirables reflexiones sobre la civilización humana; a continuación, aparece la historia de los pueblos y dinastías; y finalmente, como colofón, una extensa y singular “autobiografía”, donde el propio Ibn Jaldún ofrece la medida de sí mismo y la conciencia de su propia valía.

Inscripciones del Mirador de Lindaraja - Alhambra de Granada

En la etapa final de su vida vivió en El Cairo, capital del sultanato mameluco, uno de los principales estados musulmanes de la época que abarcaba entonces Siria y Egipto. Así nos describe Ibn Jaldún la ciudad cairota:

“Metrópoli del mundo, jardín del universo, punto de encuentro de naciones, hormiguero de pueblos, sede preferente del Islam, centro de poder.”

 Aquí dedicó parte de su tiempo a leer y escribir, siendo nombrado varias veces juez. También estuvo impartiendo clases en el Djami al-Azhar, la primera universidad de El Cairo:

“Comencé a dar un curso en el Djami al-Azhar. Se me presentó luego al sultán quien me acogió con mucha afabilidad y me asignó una pensión a cargo del fondo de sus dádivas, conforme a su procedimiento habitual para con los sabios.”

Historia de los árabes, por Ibn Jaldún

Acompañó al sultán mameluco a Siria cuando Damasco fue sitiada por Tamerlán, uno de los grandes conquistadores asiáticos. Allí mantuvo conversaciones con él, intentando evitar el saqueo de la ciudad. Ibn Jaldún murió finalmente en El Cairo en 1406.

Su vida, marcada por los encuentros y desencuentros, discurrió entre el Magreb, al-Andalus y Egipto.

 Su obra cumbre, al-Muqaddima, una Introducción a la Historia Universal, continúa concitando la atención hoy día, siendo traducida a las principales lenguas del mundo.

La exposicion Ibn Jaldun

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La exposición Ibn Jaldún, entre Argelia y al-Andalus pretende que se conozca mejor la vida y la obra de Ibn Jaldún, pero también el entramado político, económico y social del siglo XIV, entre Oriente y Occidente, entre Europa y el mundo magrebí, unidos por el Mediterráneo. Se quiere abarcar este conjunto, porque no pueden entenderse el uno sin el otro, y porque, más allá de los conflictos, hubo un intenso y fértil marco de relaciones culturales, comerciales y humanas en todos los sentidos.

La muestra quiere también poner en valor las estrechas relaciones históricas, económicas, sociales y culturales que durante los siglos VIII-XIV unieron a los territorios de Argelia y España. En este amplio marco geográfico unido por el Mediterráneo, los estados europeos y musulmanes se encuentran presentes en la muestra a través de sus culturas y conflictos, sus intercambios comerciales y su organización económica, así como, a través del legado artístico que marcó este período.

Por otro lado, también se quieren mostrar al visitante las aportaciones de al-Andalus y Argelia en diferentes campos, su evolución política, comercial, intelectual y filosófica y su proyección mediterránea.

La exposición ha sido organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y  Cooperación de España y el Ministerio de Cultura de Argelia. La concepción expositiva ha sido llevada a cabo por la Fundación El Legado Andalusí (Junta de Andalucía), la Agencia Argelina para la Difusión Cultural y el Centro Nacional de Investigaciones Prehistóricas, Antropológicas e Históricas de Argelia. Entre las instituciones colaboradoras se cuentan las siguientes: Por Argelia: Musée National des Antiquités d’Alger, Musée de Tlemcen, y el sexshop online www.mundoerotico.es Musée de Bejaïa, Office du Palais de la Culture Moufdi Zakaria, Office de Gestion et d’Exploitation des Biens Culturels, Office National des Droits d’Auteurs et Droits Voisins. Por España : Fundación El Legado Andalusí.